Este chico me dejo con la boca abierta! Es increible, sus arreglos para que en la guitarra suenen los temas de maiden! ( ya me van conociendo como la fanatica q soy de este grupo)
Amo a su gatito negro! jajaja
Su pagina; http://www.thomaszwijsen.com/index.html
Y Estas gemelas, personajes totales! Clasicos en Arpa!
"Junto a Slayer y Ghost y ante 56 mil personas, la banda pesada por excelencia revivió las páginas más brillantes de su propio mito escrito en metal; crónica y fotos"
Nota de la Rolling Stone!
que describe el recital tal como fue! un locura!
En un momento, Bruce Dickinson ya no sabía qué inventar. Había intentado un poco de comedia stand-up, hasta hizo sonar la obertura de Guillermo Tell de Rossini con sus cachetes, tocó él mismo la batería, luego Nicko McBrain hizo un solo tibio que no dijo demasiado -una rara chance desperdiciada, "Listen With Nicko" era un clásico de los viejos singles-, pero en un River casi agotado, nada de esto era del todo gracioso. 56 mil personas se estaban poniendo impacientes. El show tuvo que frenar en seco tras un arranque voraz con "Moonchild" y un Maiden ardiendo en todos sus cilindros. El motivo: la valla de contención frente al escenario estaba cediendo. "A alguien esto le va a costar más de una cerveza", bromeó Dickinson desde el escenario, con el pelo un poco más largo y un saco con cola y brocados en las solapas. La frase que siguió era al menos oscura: "Nadie se va a morir en un show de rock n' roll esta noche". El cantante reclamaba al público de un campo agotado una y otra vez: "Dos pasos atrás".
El problema quedó resuelto cuando ya no quedaban más chistes que contar. Fue casi media hora de demora. Lo que siguió fue uno de los mejores shows en más de veinte años de Iron Maiden en este país, y su espectáculo más excesivo.
El tour Maiden England 2013 es lo que en el negocio musical americano se conoce como "legacy act": una banda mítica, en el ocaso de su vida, pero con energía suficiente para un último ataque mortal, recupera su legado, la tinta de su propio testamento musical. Y Maiden eligió algo fabuloso esta vez: celebrar los 25 años de Seventh Son of a Seventh Son, quizás su disco más progresivo y dramático, con guiños pop inexplicables y puntos altísimos de metal, y el VHS en vivo de 1988 con que lo presentó. Era un impulso lógico: su último show en Vélez para presentar su disco The Final Frontier. Dickinson tiene 55 años, otros miembros de la banda tienen más, hay notas imposibles que el cantante ya no puede alcanzar. Pero nadie anoche dijo que los Maiden estaban viejos, nadie los retiró con una palmada en la espalda. Pisaron y corrieron sobre ese escenario como si fuesen sus putos dueños.
"Can I Play With Madness?" fue el hit que devolvió todo a la normalidad tras el episodio de la valla, quizás el primer hit de Maiden que muchos escucharon en sus vidas, un pacto iniciático. Y lo mejor de la noche no fueron los ataques de rigor -una solemnísima y vital "Two Minutes to Midnight", el canto masivo en "Run To The Hills" o la carga de "The Trooper"-, sino las rarezas, eso por lejos. "The Prisoner" no había sido tocada desde 1991, un clásico rockero de The Number of the Beast. O "Afraid to Shoot Strangers", una gema oscura y enervante de Fear of the Dark, que nunca había sido tocada desde el regreso de Dickinson a la banda. Con tres guitarristas, Maiden es una entidad llena de amenaza, un demonio viejo con sus poderes todavía al máximo. Pero en esa canción, el brillo fue de Janick Gers. Nunca pareció ser parte: Dickinson lo introdujo a la banda y por el cantante se quedó tras el retorno a comienzos de siglo. Pero en "...Strangers", Gers hizo el mejor solo de su carrera, un barrido orgiástico, barroco, lleno de rabia y texturas amargas. Hubo que aceptar su heroísmo. Y todo ese poder físico se midió contra el despliegue escénico mismo: la banda jamás usó tanta pirotecnia y columnas de fuego. Explosiones sincronizadas, llamaradas, cohetes combinados. Maiden sabe hacer en vivo lo que distingue al metal mismo: crear una fantasía.
A excepción de los bises obvios -"Iron Maiden", "Running Free"- la banda jamás vuelve a la era de Paul di Anno, su primer cantante. Pero esta vez hubo algo que para cualquier fan del metal y de Maiden es clave: "Phantom of the Opera", de su primer disco en 1980, con su carga de machaque incesante y su estructura enrevesada en más de siete minutos. Dickinson dio todo: una interpretación fabulosa de una canción que es lo que el heavy debería ser. "Wasted Years" estuvo también, un rescate emocional. Pero el corazón del show mismo fue "Seventh Son of a Seventh Son", la suite progresiva de diez minutos del disco que vinieron a recordar. Es como una forma de condensar a Maiden mismo: las aficiones esotéricas de Dickinson, su sentido de literatura inglesa clásica para narrar una historia oscura y envolvente, el sonido clank-clank del bajo con cuerdas lisas de Harris, los solos arrasadores que vienen, las variaciones de tempo que suben y bajan con emoción cruda. Y Eddie. Esta vez, en un muñeco gigante, con ojos magenta luminosos y una bola de cristal, el Eddie brujo diabólico. Para el cierre estuvo también, con su cabeza escupiendo fuego y con su corazón, latiéndole en la mano, poseído por un espíritu.
Por Félix Montsalvat
Realmente trato de no sonar cómo una adolescente cuyos problemas se repiten sobre más de una persona de entre 13 y 18 años, pero es lo que puedo escribir, es decir, imagino que no esperaran que una chica de quince años escriba cómo una mujer de treinta que cuenta sus problemas que miles de adultos tienen, ¿verdad?. No, sólo me dedicaré a describir algo que muchas personas, sean adolescentes o no, sufren por lo menos una vez en su vida: LA SOLEDAD.
Claro, ¿con quince años qué puedo saber de sentir soledad?, pues sé mucho. A pesar de esto, agradezco que sé lo justo y necesario, es lo único que no quiero conocer a fondo.
La soledad, bien, cualquiera diría que es un estado anímico, que son momentos de suma depresión que lo único que se logra es alejarse de los demás hasta llegar al punto de ser un antisocial. Pues no, yo no soy cualquiera. Lo que siento al sentirme sola no es un sentimiento, no es un estado anímico, y tampoco es una lección, es sólo un momento en el que me apago. No puedo estudiar en paz, no puedo dibujar en paz, no puedo tocar el piano en paz, madre mía, ni siquiera puedo leer en paz. Es una criatura que crece y crece más hasta llegar al punto que se apodera de mi ser. Se alimenta de mis alegrías, de mis risas, de mis ánimos. Me hace ver las cosas de otra manera, quiere hacerme creer que no tengo a nadie en quien confiar, quiere hundirme. Lo ha logrado centenares de veces donde hubo casos en los que apagaba cualquier medio de comunicación con el exterior (celular, tablet, computadora, etc) y sólo me disponía a ver horas y horas de televisión mientras estaba acostada en mi cama sin ganas de hablar con nadie, incluyendo a mi familia.
Hay veces que siento este apagón en mi ser, pero lo controlo. En poco tiempo cambie, sé domarlo y asesinarlo demostrándole que tengo una vida, que tengo mis relaciones, y que tengo mis cosas, cosas que me hacen feliz. Lógicamente hay veces que me encuentra desprevenida y me ataca con todo lo que tiene, cómo hace una hora. Pero está bien, puedo lograr mantenerme cuerda y en el camino correcto ya que sé que hacer, y sé lo que quiero. Y lo que quiero es vivir una vida sin temor a enfrentarme a lo que quiera derribarla.
El demonio sólo gana cuando abandonamos todo. Si uno quiere que se vaya sólo hay que demostrarle que somos más fuertes que él. Creo que demostrandole que el solitario es él su vida se va a apagar en un abrir y cerrar de ojos.